Gustavo Manzella: HolaSim

Desde su infancia llena de cambios y aventuras, hasta convertirse en director de HolaSIM, la empresa que conecta a los viajeros con el mundo, la historia de Gustavo Manzella es la de un vecino de Nordelta que supo transformar la curiosidad, la amistad y la pasión en un proyecto global. Su camino está marcado por la innovación, el aprendizaje y, sobre todo, la certeza de que emprender es animarse a crear y a compartir el viaje.

La vida de los emprendedores pocas veces transcurre en línea recta. En la historia de Gustavo Manzella, ese zigzag empezó desde la niñez. Los constantes cambios de colegio, las mudanzas cada dos años y el deporte como refugio le dieron un sello de adaptación que más tarde resultaría clave para su vida profesional. En Nordelta, donde hoy vive con su familia, encuentra el equilibrio entre la vorágine del negocio y el tiempo para disfrutar de lo esencial: el presente, los afectos, la naturaleza. Su relato no es solamente el de un empresario que construyó una compañía sólida, sino también el de alguien que supo mantener la esencia de la amistad y el entusiasmo juvenil como motor de cada paso.

Nacido en Capital Federal, Gustavo creció entre mudanzas por el trabajo de su padre. Cada cambio de colegio parecía, en un principio, un desafío enorme; sin embargo, se transformó en un entrenamiento para la vida: aprender a adaptarse, a hacer amigos, a no temerle a los comienzos de cero. En esa infancia llena de movimiento se destacaban los juegos al aire libre: fútbol, bicicleta, skate, vóley… y siempre que hubiera agua cerca, mucho mejor.

Ya en la adolescencia, la familia se trasladó a Río de Janeiro y la vida le regaló una experiencia transformadora. Allí, en una calle sin salida que funcionaba como un club improvisado para los chicos del barrio, descubrió el surf, deporte que hasta hoy es su gran pasión. Ese mismo espíritu aventurero lo acompañó al regresar a la Argentina, donde terminó la secundaria y, sin saberlo, conoció a los amigos que con el tiempo serían sus socios. La adolescencia le dejó mucho más que recuerdos: le dio compañeros de vida con quienes emprendería las mayores aventuras.

Desde chico, Gustavo intuía que su futuro no pasaba por ser empleado de toda la vida. No tenía sueños convencionales como ser astronauta o presidente, sino una certeza difusa pero firme: quería crear. Esa inclinación a imaginar proyectos propios chocaba a veces con la mirada práctica de su padre, pero en el fondo era una semilla que tarde o temprano iba a florecer.

El salto al mundo emprendedor

El camino profesional de Gustavo arrancó temprano. Apenas terminada la secundaria, empezó a estudiar Administración de Empresas y se sumó a trabajar en Movicom. En esos años de auge de las primeras punto com, se encendió en él la chispa del emprendedor. Se lanzó a su primer proyecto, que aunque duró solo un año y medio, le dejó un aprendizaje invaluable: trabajar codo a codo con referentes y rodearse de gente con más experiencia. Económicamente fue un fracaso, pero en lo personal y profesional, una universidad en sí misma.

De regreso en Buenos Aires, estaba a punto de viajar a estudiar a Estados Unidos cuando sus amigos lo invitaron a sumarse a un emprendimiento de alquiler de celulares. La decisión fue apostar todo por esa idea y dejar el plan académico de lado. Aquella elección marcó el nacimiento de lo que con los años se transformaría en HolaSIM. Lo que empezó como un proyecto entre amigos fue tomando forma de empresa. Cada cliente representaba ilusión y nervios, cada reunión se vivía como una aventura. Dormir en la oficina, trabajar sin descanso, compartir la pasión: eran tiempos intensos pero felices.

La falta de miedo fue clave al principio. “Íbamos con la adrenalina de la edad”, recuerda. Pero a medida que la compañía crecía, llegaron los desafíos reales: cómo innovar, cómo sostener el crecimiento, cómo formar un equipo sólido. En ese proceso entendió que el mayor obstáculo no era el mercado global ni la tecnología, sino encontrar personas talentosas y comprometidas. Construir un equipo entusiasta se convirtió en su desafío más grande, y también en el secreto del crecimiento sostenido.

Innovar, delegar y agradecer

En un sector tan competitivo como la conectividad internacional, HolaSIM aprendió a moverse rápido, adaptarse e invertir en innovación. Esa flexibilidad, asegura Gustavo, fue una ventaja de haber crecido en Argentina, un país que obliga a reinventarse a diario. La relación con sus socios —amigos de toda la vida— le dio agilidad en las decisiones, sin burocracia ni discusiones interminables. La innovación, para él, no es solo tecnológica: es también pensar cómo simplificar la vida de los clientes.

Con el tiempo, entendió que trabajar sin descanso no era sinónimo de efectividad. Delegar, confiar en personas que saben más en determinadas áreas, equilibrar vida personal y laboral: todo eso fue parte del aprendizaje. Rodeado de familia, amigos y un grupo de socios que también son compañeros de vida, logró darle a la empresa un espíritu distinto: el de una aventura compartida.

Hoy, con más de veinte años de recorrido, Gustavo sueña con consolidar a HolaSIM como la mejor opción de conectividad en Latinoamérica y seguir creciendo sin perder la esencia. Para él, el éxito no se mide solo en cifras, sino también en la satisfacción del equipo, en la confianza de los clientes y en el orgullo de haber construido un proyecto que empezó con entusiasmo y amistad.

Su consejo para quienes quieren emprender es claro: no esperar a que la idea esté perfecta, sino animarse a salir al mercado y aprender en el camino. “Lo importante es avanzar, escuchar al cliente y ajustar. Si uno tiene pasión, vale la pena intentarlo”.

Y al mirar hacia atrás, resume su recorrido con una sola palabra: gratitud. Porque nada de lo construido hubiera sido posible sin sus socios, su familia, sus amigos y cada persona que confió en el proyecto. La historia de Gustavo Manzella es la prueba de que los sueños se concretan cuando se animan a compartirse.

Flavia Tomaello