Estudio Vera Abogados

Reserva de oficio

Con más de treinta años de trayectoria en los tribunales y más de mil quinientos alegatos en juicios orales sostenidos en primera persona, José Vera construyó el estudio jurídico que hoy conduce y que integran sus hijos Juan Pablo y Santiago. Su firma aparece detrás de conflictos empresariales de alto perfil y también de historias domésticas que terminan pareciendo guion de película. En esta entrevista repasa el origen de Estudio Vera, la manera en que combina distintas especialidades bajo un mismo techo y algunos episodios judiciales que, asegura, jamás va a olvidar.

Un restaurador de pinturas trabaja durante meses sobre una misma tela sin que el público note el esfuerzo. Bajo la capa visible, la que cuelga en la sala y recibe las miradas, suele esconderse otra versión del cuadro, corregida, tachada o directamente oculta por el propio pintor. El oficio consiste en sostener esa superficie impecable mientras se maneja, en silencio, todo lo que hay debajo. Algo parecido ocurre con quien ejerce el derecho durante treinta años en el mismo lugar, sostiene una imagen pública intachable mientras administra, puertas adentro, los conflictos más delicados de sus clientes. Esa lógica atraviesa buena parte de la carrera de José Vera, abogado con tres décadas de trayectoria y fundador de Estudio Vera, que recibió a esta revista para repasar una historia profesional construida a fuerza de discreción, oficio y algún que otro expediente digno de guión cinematográfico.

El estudio abrió sus puertas en Tigre en el año 1997 y desde entonces no se movió. Instaló el estudio que lleva su apellido y que hoy funciona, según lo describe él mismo, como una casa de puertas abiertas. Litigó en tribunales nacionales y provinciales, asumió defensas y querellas en causas emblemáticas y sostuvo, alegato tras alegato, un prestigio que sus propios colegas describen como intachable. Pero cuando se le pregunta por el secreto de tres décadas ejerciendo en el mismo lugar, su respuesta no apunta a un golpe de suerte ni a un caso resonante, apunta a la convivencia diaria con los vecinos. «Tigre no deja de ser un pueblo, como todo pueblo hay que mantener una conducta intachable para pasar el examen que hacen los vecinos de su vecino abogado», dice y agrega que esa vigilancia silenciosa, con los años terminó siendo la mejor carta de presentación del estudio.

Una casa de puertas abiertas

Detrás del escritorio de Vera no hay una estructura vertical clásica, sino algo más parecido a un organigrama familiar. Integra una familia de abogados, su esposa y sus hijos mayores lo son. A cargo de Santiago, uno de sus hijos, está el departamento de derecho de familia y Juan Pablo (el mayor) dirige el de cuestiones civiles, comerciales y concursales. Aunque la trascendencia en los medios habitualmente se produce con los casos penales, que está bajo mi responsabilidad, el panel de abogado y peritos asociados son indispensables (afirma). La división de tareas no es solo administrativa, también responde a la naturaleza de los casos que llegan al estudio, muchos de los cuales pueden convinar varias ramas del derecho. Hoy, la temática de los conflictos comerciales de índole societario y las causas vinculadas a delitos financieros se repiten con cierta asiduidad, aunque la violencia intrafamiliar tiene una vigencia inusitada que se mantiene.

Esa lógica de trabajo conjunto se replica en las distintas áreas que ofrece el estudio ofrece, que abarcan la más amplia gama de especialidades. Lejos de dispersar la identidad del estudio, Vera sostiene que esa amplitud es lo que permite acompañar a un mismo cliente en distintos momentos de su vida, evitando que deba buscar otro profesional, cada vez que aparece un problema legal nuevo.

La cartera de clientes incluye desde particulares hasta compañías de peso. El estudio representa al Grupo Clarín en determinados asuntos, a Miller Building International, Conoplast, Greif (laboratorio multinacional de medicina), Odontomundo, la cadena Marga Margherita en otros, al igual que asociaciones civiles y fundaciones. Se suman personalidades del ambiente artístico, periodístico y deportivo, que le brindan trascendencia en los medios de manera permanente desde hace décadas. Con cierta picardía admite que hay personalidades conocidas (del ámbito político, empresario, deportivo, artístico y aún judicial) que solicitan la reserva la intervención profesional y la discreción comprometida es obligatoria.

«Han pasado las décadas y hemos mantenido esa amplitud democrática para aceptar y recibir a quienes nos confíen la representación de sus derechos y con los años característica justamente nos distingue», cuenta.

Los casos que no se olvidan

Entre cientos y cientos de procesos, hay episodios que han quedado grabados incluso en un abogado curtido en los juzgados. Uno de ellos tiene, otra vez, a un gato como protagonista involuntario. Casos muy singulares y otros famosos por las personalidades que nos tocó representar, lo que hizo que mantengamos una vigencia constante en los medios de comunicación. «Todos los casos aquí son importantes porque para la persona que lo debe transitar, es su gran problema». Hay anécdotas que rozan lo insólito y que Vera cuenta con humor y prefiere no comentar a esta revista. La reserva profesional aparece como un hilo conductor en cada relato y Vera puede narrar el contexto de un caso, la estrategia legal empleada o el desenlace judicial, pero evita a toda costa exponer identidades cuando el cliente no lo autoriza expresamente. Esa discreción, sostiene, no es solamente una obligación ética sino la base sobre la que se sostiene la confianza de quienes lo eligen como abogado desde hace décadas, muchas veces heredando la relación de generación en generación dentro de una misma familia.

Consultado sobre qué distingue a un estudio de otro, cuando la oferta de abogados es tan amplia y Vera insiste en que la respuesta no está en la cantidad de causas ganadas, sino en la manera de sostener el vínculo con cada cliente a lo largo del tiempo. «No se trata de una vez, se trata de que pasen los años y siga siendo su abogado de confianza, con la ayuda de Dios y con conducta rigurosa». Asegura y remarca que esa continuidad es la que le permite hoy representar a familias enteras, generación tras generación, en asuntos que van desde una sucesión hasta un conflicto societario. Esa mirada de largo plazo también explica por qué el estudio nunca resignó su costado penal, aun cuando incorporó nuevas especialidades para acompañar el crecimiento de la zona. Tigre y Nordelta concentran, según describe, una conflictividad muy particular, con litigios entre vecinos, reclamos vinculados a countries y una vida social que multiplica los cruces entre partes que, en definitiva, terminan conociéndose todas entre sí. Esa cercanía geográfica, lejos de simplificar los casos, exige un cuidado adicional a la hora de manejar información sensible.

Al cierre de la charla, entre expedientes que se acumulan sobre el escritorio y llamados que no dejan de entrar, Vera vuelve sobre la idea que atraviesa toda su carrera. Cada causa, sea una defensa penal, un concurso preventivo, una deuda o un crédito para cobrar, un divorcio conflictivo, una sucesión, un tema laboral o un litigio empresarial de escala, en todos los casos para la persona representa uno de los momentos más difíciles de su vida y ese es, precisamente, el punto donde entiende que representar bien los derechos y acompañar a la persona. Treinta años después de haberse instalado en Tigre, con un estudio jurídico que multiplicó especialidades y sumó generaciones de la propia familia, José Vera repite la misma convicción con la que arrancó, la de que un abogado se mide menos por los casos resonantes que gana y más por la confianza silenciosa que sostiene, alegato tras alegato, causa tras causa, año tras año.

Flavia Tomaello

Fotos: Fabián Sans