
El mal del sauce nos ofrece la posibilidad de que nuestros ojos naveguen por los ríos y arroyos del Delta, ese territorio en el que se entreveran la tierra y el agua, ese laberinto que parece cambiar a cada instante.
El blanco y negro de estas fotografías subraya el carácter de un tiempo fuera del tiempo en el que parecen transcurrir muchos aspectos de la vida en el Tigre.
La mayoría de las imágenes fueron tomadas desde el río, navegando. Por eso, al mirarlas, podemos también repetir ese viaje sobre el agua. Agua remanso, agua camino, agua que batalla en las orillas, agua que lame las maderas de las casas.
Navegamos viendo pasar los camalotes, los botes, los muelles. En la orilla, la gente, a la espera. Estar en el Delta es confirmar que es poco lo que podemos controlar. El agua corre, el río crece, la lancha pasa o no pasa. Tan cerca de la ciudad, la naturaleza muestra su poderío.
Los árboles hunden sus raíces en el agua, los juncos desdibujan los límites de las orillas, las casas parecen frágiles sobre los pilotes de madera.
Los oficios son laboriosos. Hay que acarrear, remar, cargar. Nada parece venir dado. Los cuerpos se esfuerzan para habitar ese territorio que cada tanto muestra su bravura.
En estas fotos, la luz es discreta, como si ella también se sometiera a lo que el agua dispone. Entonces, la luz se vuelve intensa en los reflejos.
El punto de vista frontal de muchas de las imágenes configura para el espectador una especie de escenario Allá, a unos metros, frente a nosotros, las escenas transcurren. A través de la mirada de Martín, podemos ver la vida del Tigre manifestándose en su pulso. Sus imágenes revelan cómo conviven temporalidades contradictorias. Si aguzamos nuestros ojos, podremos ver en estas fotos el transcurrir del tiempo, que en el
Delta parece ser, a la vez, corrosión y exuberancia.
Marisa Strelczenia
Fotógrafa/Docente/Curadora
