Menores de edad

Cuando los chicos heredan: historias reales y una ley que protege

En muchas familias argentinas, una sucesión no llega sola: viene atravesada por emociones, decisiones urgentes y, muchas veces, por la presencia de hijos menores de edad que también tienen derechos sobre esa herencia.

Ahí es donde la ley pone un freno… pero no para complicar, sino para cuidar.

Porque cuando un menor hereda, no puede decidir por sí mismo. Y aunque sus padres lo representen, hay límites claros. No todo se puede hacer sin control judicial. ¿El motivo? Evitar que, en medio de la urgencia o la necesidad, se tomen decisiones que puedan perjudicarlo en el futuro.

Historias reales lo muestran mejor que cualquier teoría.

En el conurbano bonaerense, una madre necesitaba vender con urgencia el departamento que su hijo había heredado. La situación económica apremiaba. La justicia autorizó la venta, pero con una condición: el dinero debía quedar protegido en una cuenta a nombre del menor. No se negó la solución, se ordenó el cuidado.

En otro expediente, un chico heredaba de un familiar que había dejado más deudas que bienes. Para que esa carga no lo persiga de por vida, el juez dispuso aceptar la herencia con beneficio de inventario. En palabras simples: el menor no paga con lo suyo lo que no alcanza a cubrir la herencia.

También están los conflictos puertas adentro. Hermanos mayores que quieren resolver rápido, vender, dividir. Pero cuando hay un menor, los tiempos cambian. En una sucesión reciente, la partición se frenó hasta garantizar que la parte del chico estuviera correctamente valuada. Su derecho no podía quedar atado a la urgencia de los demás.

Y no faltan los casos más sensibles: cuando quien administra usa dinero del menor sin autorización. Ahí la justicia interviene de lleno. Pide explicaciones, controla y, si hace falta, cambia a la persona responsable.

Detrás de cada una de estas decisiones hay una idea simple: los chicos no pueden defender solos su patrimonio.

Por eso, el Código Civil y Comercial de la Nación, exige autorizaciones judiciales, controles y la intervención del Ministerio Público. Puede parecer un camino más lento, pero es, en realidad, una forma de garantizar que esa herencia —muchas veces lo único que queda de un ser querido— no se diluya o se use de manera indebida.

En Argentina, cuando hay menores en una sucesión, no se trata solo de repartir bienes. Se trata de cuidar derechos. Y eso, en definitiva, también es hacer justicia.

Dra. Turiace Melina

Foto: Fabián Sans