En los últimos años, el grooming y el bullying se han convertido en dos de las problemáticas sociales más delicadas que enfrenta nuestra infancia y adolescencia. La tecnología, si bien nos acerca y nos brinda infinitas oportunidades, también abrió la puerta a nuevas formas de violencia y vulnerabilidad que muchas veces pasan inadvertidas hasta que el daño ya está hecho.
Vivo mi profesión escuchando historias, realidades y preocupaciones, y noto que más allá de lo jurídico, hay cuestiones sociales que atraviesan a todos los argentinos. Hoy, cuando converso con clientes, colegas o amigos, las mismas palabras se repiten: salud, educación, pobreza, y en el caso de los más jóvenes, problemas como el bullying y el grooming.
El grooming —ese acoso digital en el que un adulto manipula a un menor con fines sexuales— crece silenciosamente en redes y plataformas donde los chicos pasan gran parte de su tiempo. Y el bullying, tanto en su forma presencial como virtual, sigue siendo una herida abierta en nuestras aulas, generando consecuencias emocionales que pueden marcar a una persona de por vida.
En este escenario, la responsabilidad de los padres adquiere una dimensión central. No alcanza con supervisar lo que los hijos hacen en internet: es necesario estar presentes, dialogar y enseñarles a confiar. El acompañamiento, la escucha y la educación emocional son herramientas poderosas para prevenir y detectar señales de alerta.
Del mismo modo, los colegios tienen un papel indelegable. No se trata solo de sancionar cuando el problema estalla, sino de formar en valores, promover la empatía y construir espacios donde los niños y adolescentes se sientan seguros para expresarse. La educación no puede reducirse a lo académico: debe incluir también la enseñanza del respeto y la responsabilidad digital.
Como sociedad, debemos entender que la prevención y la protección de los menores no pueden quedar libradas a la suerte. Padres, docentes, profesionales del derecho y del ámbito educativo debemos trabajar juntos, desde la conciencia, la ley y el compromiso humano.
Porque detrás de cada caso hay una historia, un niño, una familia. Y la respuesta no puede ser solo jurídica: debe ser, sobre todo, humana.
Dra. Turiace Melina Paola
Abogada Especialista en Derecho Sucesorio
IG @dra.turiacemelina
