El Maestro Rod Schejtman estaba conmovido – acababa de llevar a la Argentina a conquistar el Mundial de la Música Clásica en Viena. Tres años de trabajo. Tres obras sinfónicas originales. Una competencia feroz contra los mejores compositores del planeta, representantes de 32 países. Su obra sinfónica Luce Nell’Oscurità, escrita para 80 músicos, sonaba en una emisión especial de Radio Nacional Clásica, transmitida sin interrupciones a todo el país, mientras era nombrado “Orgullo Nacional”. Al día siguiente, la portada de uno de los diarios más importantes llevaba su rostro.
Y entonces, Schejtman recibe una llamada.
Del otro lado de la línea: Lalo Schifrin.
Sí, ese Lalo Schifrin. El de Misión Imposible. El único argentino con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Cinco Grammys. Seis Emmys. Y por si fuera poco: un Oscar honorífico.
“Usted viene muy recomendado. Le hago una propuesta: venga a Los Ángeles. Compongamos juntos una sinfonía dedicada a la Argentina. Una obra escrita en co-autoría que será de Lalo Schifrin y Rod Schejtman”.
Sin embargo, Lalo Schifrin no era un compositor de Hollywood más. Es cierto que escribió más de 120 bandas sonoras. Sí, trabajó con Clint Eastwood, Bruce Lee, Steve McQueen. Pero lo importante no es eso. Lo verdaderamente único no está en los premios, ni en las alfombras rojas.
Está en el linaje.
Schifrin nació en una familia musical. Su padre, primer violín del Teatro Colón, se aseguró de que recibiera una formación de élite: lo puso bajo la tutela de Enrique Barenboim (padre del célebre Daniel Barenboim), discípulo del legendario Vicente Scaramuzza, uno de los pilares de la escuela pianística argentina.
Pero ese es solo el prólogo.
¿Quién no conoce el Bolero de Ravel? Bueno, Lalo fue alumno de Olivier Messiaen, considerado el compositor más influyente del siglo XX, y discípulo directo de Maurice Ravel, el mismísimo autor del Bolero. Sí. El conocimiento pasó de Ravel a Messiaen, de Messiaen a Schifrin.
Y hay más.
Schifrin fue también discípulo directo de Dizzy Gillespie, el revolucionario del jazz moderno, mentor de Miles Davis, padre de una nueva era musical. Y también de Juan Carlos Paz, vanguardista argentino, que fue alumno de Arnold Schoenberg, el hombre que reinventó la armonía para siempre.
Scaramuzza → Enrique Barenboim → Lalo Schifrin
Ravel → Messiaen → Lalo Schifrin
Schoenberg → Juan Carlos Paz → Lalo Schifrin
Dizzy Gilespie (mentor de Miles Davis) → Lalo Schifrin
Ahora bien, para alguien no involucrado en la historia de la música, todo esto puede parecer una simple cadena de nombres. Pero es como decir que una sola persona fue formado por los propios Da Vinci, Newton y Einstein, y que ahora ese legado continúa.
Así de raro. Así de excepcional. Así de real.
…Y Schejtman lo sabía:
“Para mí, Lalo Schifrin era mucho más que una leyenda viva del jazz y del cine. Durante toda una vida estudié a los grandes maestros, leí todo lo que dejaron ellos y sus discípulos. Incluso llegué a trazar un mapa de su linaje: desde Bach hasta nuestros días. Conocer a Schifrin era, quizás, la única posibilidad de acceder de forma directa a los grandes secretos de la música, transmitidos de generación en generación.”
Y ese legado —ese linaje invisible que atraviesa siglos y revoluciones musicales— unió a dos compositores separados por más de medio siglo: Rod Schejtman, de 39 años, y Lalo Schifrin, de 91, al momento de su encuentro.
El elegido: el primer y único co-autor sinfónico de Lalo Schifrin
“Son dos cuartas superpuestas”, le dijo Lalo, mientras tarareaba una melodía por teléfono. Schejtman viajó a Los Ángeles con una partitura bajo el brazo —una que él mismo había confeccionado: había desarrollado aquellos ocho segundos escuchados en Buenos Aires en tres minutos de música sinfónica, orquestados para cien músicos, aplicando las técnicas clásicas que había perfeccionado durante décadas.
Esa partitura fue su carta de presentación. Y también, el punto de partida que lo convertiría en el primer coautor sinfónico en la carrera de Lalo Schifrin.
El objetivo era ambicioso. Tan ambicioso, que ese fue justamente el espíritu que inspiró el título de la primera entrevista que dieron juntos a un medio de Los Ángeles: “La música clásica del futuro”, publicada en El Suplemento.
El plan no era solo componer una sinfonía monumental para orquesta extendida de cien músicos, dedicada al país donde ambos compartían raíces. También aspiraban a algo más profundo: fusionar dos lenguajes —el universo cinematográfico de Schifrin y la tradición sinfónica clásica que Schejtman había perfeccionado durante su vida.
“Yo me hice una formación musical muy grande; y tuve muy grandes maestros… Y una de las cosas que más disfruté fue compartir esas técnicas con el Maestro Rod Schejtman, que luego integramos a nuestra sinfonía. Pero lo que él aprendió de mi… él lo hizo más grande de lo que yo lo hice.” – proclamaba Lalo Schifrin en un video proyectado durante el estreno mundial, ante una ovación de 2.000 personas.
El Estreno Mundial: “La Fusión de Dos Mundos”
La sinfonía ¡Viva la Libertad!, de 40 minutos, compuesta por Lalo Schifrin y Rod Schejtman, tuvo su estreno mundial en Buenos Aires, interpretada por la Orquesta Sinfónica Nacional, la más prestigiosa del país. Esa misma noche, en un acto histórico sin precedentes, el Estado argentino la transmitió al país entero por Radio Nacional y la TV Pública tras el Himno Nacional, y fue declarada Obra de Interés Cultural para la Nación por la Presidencia de la República Argentina.
“Componer junto a Lalo me cambió la forma de pensar musicalmente. Pero, por sobre todo, lo que más me enseñó fue sobre la vida misma: a soñar en grande y a atreverse a lograr lo que otros consideran imposible. “Misión: posible”, solía jugar con las palabras. Y me insistía: “Sí! ¿por qué no?”.
«Espero que esta sea la primera de muchas obras que compongamos juntos y creo que el maestro Schejtman tendrá una carrera verdaderamente extraordinaria», declaró Schifrin en los medios más importantes del país.
Inesperadamente, esta obra fue la primera y la última de este duo de maestros argentinos, ya que Lalo Schifrin falleció repentinamente el 26 de junio de 2025 por neumonía a sus 93 años.
El Maestro Schejtman, junto a la familia Schifrin, continuarán la gira mundial de la sinfonía, en honor a la memoria de Lalo Schifrin. El legado continua.
Esta nota continuará…
Daniel Bernard
Fotos: Pablo VIviant
