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Una extraña manera de pedir perdón

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Por el Rabino Baruj Hagman, Director de J.C.C Jabad Nordelta

Hace muchos años existió una comunidad en un lugar muy lejano, cuyos integrantes tenían una extraña costumbre. Normalmente cuando alguien comete una falta, se dirige a la persona a quien le falló y con sincero remordimiento le pide perdón. Sin embargo, en ese pueblo las personas actuaban de un modo distinto. Cuando alguien dañaba a su compañero, se le acercaba y le decía lo siguiente: “Si yo te herí, por favor medita en qué es lo que tú me hiciste para generar en mí ese comportamiento”.

A primera vista parece una práctica extraña e incluso inapropiada, pero si reflexionamos un poco al respecto nos percatamos de que encierra un importante mensaje para nosotros: las personas tenemos la tendencia de adoptar el rol de víctimas cuando alguien nos falla, pero pocas veces reconocemos que esa acción del otro es realmente una reacción, que se trata de una respuesta, aunque quizá desmedida, a aquello que nosotros le hicimos antes.

Esta idea se aplica al matrimonio. En ocasiones nuestra pareja actúa de un modo errante y nos sentimos decepcionados con ella, pero si pensamos con claridad descubrimos que ese comportamiento lo hemos detonado nosotros mismos. Algo similar ocurre con nuestras amistades: cuando alguien nos hiere debemos contemplar en qué hemos hecho nosotros para generar esa actitud. No quiere decir que debamos justificar cada falta cometida hacia nosotros, sino que tenemos que tomar responsabilidad por las cosas que hacemos y que producen esos comportamientos en los demás.

El mensaje final es simple pero poderoso: pocos ataques en la vida son incidentes fortuitos. La mayoría de las veces se trata de una reacción. Aquello que uno siembra es lo que cosecha.

Adaptado por Moisés Waisberg

CONTACTO:

bhagman@gmail.com

15-3637-4421

 

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