Close
k

Projects

Contact

News

Let's connect

Teatro y pandemia: Que siga la función 

Teatro y pandemia: Que siga la función 

Una directora de teatro argentina que, radicalizada en Nueva York, nos cuenta cómo las obras se adaptan a la cuarentena. 

Teatro y pandemia: Que siga la función 

Teatro y pandemia: Que siga la función

Un virus también es un software. Es un mensajero de información -en este caso genética- que expulsado de nuestro cuerpo transita por redes comunicativas hasta encontrar una nueva proteína espiga para volver a inocularse en una nueva célula. En la trasmisión, comunicación y mutación pareciera estar su clave. Y esta es también la clave del arte y de todo artista. Comunicar y por sobre todas las cosas variar, adaptarse, jugar con la contingencia y saber reconvertirse, transformarse. Ser el mensajero de un tiempo, de una época.

Y si hay una ciudad que es la usina de arte y de ideas que resignifican las diversas escenas artísticas para luego contagiar al mundo entero, esa es New York. Y en la Gran Manzana vive hace más de siete años la directora y diseñadora de proyecciones, Stefanía Bulbarella, quien en medio de la cuarentena mundial, participó en una experiencia única al animarse a montar en menos de 24 horas la obra Personal Questions, que había sido escrita un día antes y en 12 horas, para ser transmitida por la plataforma Zoom. 

¿Cómo surgió tu participación en el 24-hour Zoom Fest como directora de la obra Personal Questions?

La compañía neoyorquina Here We Go me contactó para ver si me interesaba participar como directora en esta nueva propuesta por Zoom. La compañía está dirigida por la productora y directora italiana Federica Borlenghi y la estadounidense Jessica Ashleigh Pomeroy. Ellas producen festivales de obras cortas siguiendo el formato ‘site specific’, que consiste en presentar obras en espacios alternativos. Y hace dos años había participado en uno de estos festivales que se hizo en su momento en el comedor de una iglesia antigua. 

Teatro y pandemia: Que siga la función 

Al trabajar bajo tanta presión, ¿qué recursos tuvieron que aflorar en vos y qué aprendizaje te dejó? 

Fue una experiencia maravillosa y una motivación para confiar en los impulsos. El estreno fue un domingo y la noche anterior me habían presentado a las actrices e hice un plan de ensayo para organizarnos. El domingo recibí el guión a las 7:30 de la mañana, que había sido escrito la noche anterior por la dramaturga venezolana, Isabella Uzcátegui, y tras verlo tuve que cambiar todo. Pasamos toda la mañana analizándolo y reestructurando ciertos momentos de la obra. Al ser un libreto original, era la primera vez que su autora, Uzcátegui, lo escuchaba. Por lo tanto ella también utilizó ese momento para hacer pequeñas correcciones. Al mediodía opté por cambiar el plan porque me pareció importante que por el poco tiempo que nos quedaba, era fundamental que las actrices se supiesen el texto de memoria. Entonces les pedí que se lo aprendieran y nos juntáramos una hora después de lo acordado con el libreto aprendido. Una vez que volvieron hicimos una entrada en calor, pasadas de texto en neutro, y luego hicimos de corrido toda la obra. Quería ver cuáles eran sus impulsos de principio a fin. Tuve que ser mucho más directa en las indicaciones a los actores. Creo que eso es algo que aprendí trabajando en Estados Unidos. Terminado todo ese proceso, tuvimos apenas tiempo para pasarla dos veces más. 

Desde el punto de vista de la dramaturgia, ¿qué reflexiones te surgieron a partir de este encierro mundial?

Teatro y pandemia: Que siga la función 

Siento que nació un nuevo formato de expresión, como este que hicimos, y que merece tener un nombre propio. No sé cual será pero le veo muchas oportunidades de desarrollo. Definitivamente hay un nuevo enfoque del arte que toma como punto de partida las limitaciones en las que nos encontramos. Acá en New York, la mayoría de los proyectos que tenía para esta segunda mitad del año se están postergando para 2021. Entonces como artistas del teatro, ¿qué hacemos hasta que vuelvan a abrir una sala? ¿qué hacemos hasta que nos podamos juntar nuevamente a ensayar? Nos vamos a tener que reinventar. Por eso creo que van a ser sorprendentes los rastros que van a quedar como registro de esta época. 

¿Pensás que esta nueva forma de expresión y comunicación artística llegó para quedarse?

Ya hay muchas propuestas magníficas creadas por artistas del teatro. Por ejemplo, sé que están repensando clásicos para una plataforma como Zoom y van a usar los backgrounds virtuales para aparentar un mismo lugar físico. También se están montando workshops de obras por Zoom o compartiendo la pantalla con imágenes y videos que se manipulan en vivo y a medida que el actor relata una historia. 

Siempre se menciona a Buenos Aires como una de las ciudades de mayor oferta cultural. ¿Qué diferencias encontraste entre la industria teatral argentina y la neoyorquina?

La manera de trabajar en Buenos Aires es muy distinta a la que se acostumbra en Nueva York. Acá es muy común que se trabaje con una dinámica muy parecida en todos los circuitos. Esto es desde Broadway hasta el Off Broadway y el Off-Off Broadway. A pesar de las diferencias abismales, se mantiene una estructura similar en cuanto a la distribución del tiempo y del proceso creador. Esto es tres o cuatro semanas de ensayo, una semana de ensayo técnico y otra semana de ensayos generales. Por otro lado en las obras del Off-Broadway o del Off-Off Broadway en las que he trabajado se acostumbra a alquilar el teatro por la duración total del ciclo. Es decir que no hay otra obra en el mismo escenario esa misma noche, y se acostumbra a tener funciones de martes a domingo. La diferencia es que las temporadas son más cortas y pueden durar dos o tres semanas. Y si uno tiene suerte puede que un productor del Off-Broadway o Broadway venga a ver la obra y se interese en producirla en una escala más grande.

Vivir y sobrevivir en ‘La Gran Manzana’ no es para muchos. ¿Cómo hace un artista para adaptarse a esta urbe que se ha comido vivos a muchos que lo intentaron?   

New York es “amor-odio”. Es una ciudad que nunca para. Antes de la cuarentena venía de trabajar de lunes a lunes durante un mes y medio y 12 horas por día. Estaba muy cansada y no es la primera vez que me pasaba. Uno empieza a descuidar amistades y relaciones por priorizar el trabajo. Esta vorágine también tiene que ver con los costos de los espacios en New York. Por eso la industria del teatro trabaja de martes a domingos, siendo los lunes el único día libre para algunos. Y encima la gran mayoría, y me incluyo, usamos los lunes para dar clases o para reuniones sobre futuros trabajos. Siento que previo a la cuarentena era muy difícil vivir y concentrarse en el presente porque en una ciudad como esta, uno siempre está pensando los siguientes seis meses de trabajo. Ojalá que una vez que vuelvan a reabrir los teatros repensemos la dinámica porque tener tiempo para uno es fundamental. Como verás es una ciudad difícil y solitaria. Una ciudad en la que muchos están de paso y uno despide amigos que deciden irse cada año. Pero a la vez es mágica y no deja de sorprender. Acá las oportunidades son infinitas. He colaborado con artistas increíbles y en teatros alucinantes. Nunca pensé que podría estar en donde estoy. Sin embargo todo esto demanda un grandísimo esfuerzo y muchísima pasión.

Sus próximos proyectos

 

Estoy trabajando en un video que me comisionó The Movement Theatre Company, cuyo fin es dejar una constancia de la pandemia. Fue curado por Clint Ramos, diseñador de vestuario y escenografía y ganador de un premio Tony (el Oscar del teatro), y Cha See (diseñadora de luces). En junio voy a colaborar en un workshop comisionado por The O’Neill, llamado Azul Otra Vez (Blue, Revisited), un musical bilingüe inspirado en la vida de Rubén Darío, dirigido por Tatiana Pandiani y co-creado con Jacinta Clusellas y Melis Aker. Allí estaré desarrollando el concepto de las proyecciones. Por otro lado, creando contenido para una obra llamada Princess Clara, de Matt Barbot y dirigida por Tara Elliot.

Por Javier Cardenal Taján

Créditos fotográficos: 

Headshot: Albert Font Garcia; 12 Angry Animals: Justin Chauncey; Azul Otra Vez [Blue, Revisited]: Federica Borlenghi

Post a Comment