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Mamá, ¿qué llevo en la vianda hoy?

Por Flavia Tomaello

Dos problemas se enfrentan a la hora de las viandas: la organización y que les guste a los chicos. Si se toman recaudos y se reconoce lo importante del proceso, debería ser un tema que se puede solucionar con cierta facilidad.
Trabajar la rutina de las comidas no suele ser simple y, además, esta es una práctica voluntaria: nadie podrá hacer comer a quien no quiera. Volver a la idea de que no hay niño que muera de hambre por decisión propia es otro ítem que tranquiliza. Salvo indicaciones médicas, si el pequeño come poco, pero tiene buena salud, no hay de qué preocuparse.
Hacer una vianda saludable puede ser solo cuestión de querer: combinar en pequeñas cantidades elaboradas creativamente (como en bocaditos o milanesitas), acompañando a otras comidas que les gustan más, mezclados o disimulados en otras preparaciones. Los especialistas aseguran que se debe intentar trece veces un nuevo sabor para que sea aceptado.
¿Plan semanal de comidas?
¡Sí! ¿Razones? Infinitas. Algunas de ellas: tener un presupuesto acotado o manejable, saber qué se come, brindar indicaciones precisas a quien colabora en la tarea (si lo hay), poder contar con un menú variado y nutritivo, diversificar los platos y utilizar de manera integral los alimentos.
Aun en este plan será preciso ser flexible; por la temporada, porque es mejor consumir productos de estación, y porque algún artículo puede no encontrarse, entre otras razones. Para esas excepciones siempre es mejor contar con el plato salvador: esas reservas de productos secos que sacan del apuro. En esto el freezer es el mejor amigo.
Una reina en la cocina tiene su príncipe consorte escondido en el freezer. Lleva el mismo tiempo preparar dos porciones que cuatro, de modo que es factible cocinar un día cada dos o una semana sí y la otra no. O dedicarse un día a hacer el menú del resto de la semana.
Cómo armar la vianda
Sería ideal armar un esquema por el cual a diario vaya un lácteo, alguna proteína, vegetales y una fruta. Si se parte de ese cuadro, es más sencillo componer la propuesta. También es interesante clasificar la propuesta siguiendo los pasos habituales: una minientrada, el plato fuerte y el postre.
• Los lácteos pueden incluirse con un trozo de queso o yogur.
• Las proteínas no solo llegan de la mano de la carne; también lo hacen con las legumbres y la soja.
• Las pastas y el arroz son bienvenidos, pero siempre acompañados por legumbres y/o verduras.
• Es importante no circunscribirse a pocas verduras, porque aburre y no se incorporan todas las vitaminas.
• Los rebozados siempre ganan, de modo que aquello que no se adopta fácilmente puede convertirse en milanesa sana. Quesos, gratinados y salsas caseras son oportunidades de disfrazar los alimentos más resistidos.
Los preparados sencillos de comer invitan más a ser comidos: sándwiches (con pan árabe o de semillas), tartas o empanadas, budines o buñuelos, tortillas u omeletes son opciones viables para sumar todos los alimentos. El sándwich puede ser vegetariano; las empanadas con legumbres y los budines se pueden resolver como un relleno de tarta sin masa y más firmes, los buñuelos aceptan hasta las verduras controversiales y las tortillas pueden contener arroz, brócoli o brotes de soja.
Un tip útil: espolvorear semillas y avena a la preparación: una cucharada suma nutrientes y saciedad sin modificar el sabor.
CONTACTO
https://flaviatomaello.blog/
@flavia.tomaello

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