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Fútbol infantil, un oasis que no merece ser contaminado -Por Leandro Scaviolo

Fútbol infantil, un oasis que no merece ser contaminado -Por Leandro Scaviolo

Nuestra sociedad pasa por una crisis que distorsiona los verdaderos procesos y etapas que deben absorber las chicas y los chicos en sus primeros años de vida. Jugar para divertirse y compartir no debe ser una excepción, tiene que ser un mandato primordial.

Fútbol infantil, un oasis que no merece ser contaminado -Por Leandro Scaviolo

Fútbol infantil, un oasis que no merece ser contaminado -Por Leandro Scaviolo

¿Cuántas veces leemos, escuchamos y vemos en los medios hablar sobre “la presión” de un equipo para salir campeón? ¿Cuántas veces vemos que el fútbol argentino, pasión inigualable, marca sus parámetros en vida o muerte? Éstas cuestiones, que pasan a ser una exageración en el formato profesional y con adultos, se transforman en una problemática cuando toca a los más chicos en su intención de hacer sus primeros pasos en un deporte, en este caso el más popular de Argentina.

El fútbol infantil se ha tornado cada vez más importante en este radio del conurbano bonaerense –con una suculenta oferta de instituciones que pregonan el desarrollo y la formación de jugadores y jugadoras, además de inculcar diversos principios que bien valen para lo que años más tarde será la adultez- pero no escapa a otros segmentos de nuestra provincia y mucho menos del país. Suele ser la vía de escape para que muchos no caigan en la calle a “perder el tiempo”, para complementar la escolaridad, para darle una atmósfera saludable a la rutina semanal y para que puedan hacer algo que los apasione y abrace, que los contenga y los entienda, que los invite y no los desplace.

En este contexto, el rol crucial pasa por quienes están a cargo de ellos en la institución deportiva y por sus padres, quienes no deberían poner falsas expectativas ni sobrecargar de obligaciones a un chico o a una chica –está en pleno auge el fútbol femenino y es para celebrar- con objetivos ilógicos, utópicos y que van a estar más cerca de la frustración que de la satisfacción cotidiana. Lo importante, es que nuestros problemas, como adultos responsables y en el rol de brindar un molde a nuestros futuros jóvenes y adultos, queden desterrados a la hora de acompañar semana a semana y fin de la misma a cada actividad de nuestro familiar, en sus primeros años de vida.

Fútbol infantil, un oasis que no merece ser contaminado -Por Leandro Scaviolo

Vemos a nuestro alrededor una sociedad viciada de Boca vs. River en todos los aspectos: políticos, religiosos, sociales y ni hablar futboleros. Por ello, debemos considerar esencial y prudente no manchar un agua que aún emana una pureza difícil de explicar, la que los propios chicos expresan con su espontaneidad, su solidaridad y su compromiso por compartir lindos momentos en un marco de igualdad de condiciones y de sentir que están aprendiendo, jugando, creciendo y fomentándose a sí mismos el fútbol como centro de la escena del lugar donde se sienten plenos y son felices. ¿Por qué nosotros, o más bien con qué intenciones o derechos, intentamos mutar esa materia prima? ¿Estamos depositando en ellos nuestros sueños frustrados y pensamos que si los consiguen de alguna manera sanaremos? De la única forma que éste y tantos otros focos deportivos en donde los niños son protagonistas no sean opacados, es dándoles la libertad de elegir ser, de optar por pertenecer sin ataduras, de que se sientan contentos de ir cada vez al club, de que consigan transformarse en mejores entendedores del juego que juegan, pero sin dejar de jugarlo, permítanme el uso excesivo de la misma raíz.

El fútbol infantil es un oasis que depende de nosotros mismos no contaminarlo. Es la pasión de multitudes trasladada a la más temprana edad en donde no es tan importante ganar o perder, sino aprender a ganar y también a perder, porque está dentro de la variable. Sin dudas, si dejamos de echar leña a un fuego que sólo los propios chicos deben alimentar, si acompañamos desde el lugar que nos toca, sin ser invasivos con el docente a cargo y respetando las elecciones de nuestros hijos, vamos a ser campeones, con muchos puntos de ventaja, remediando errores cometidos y siendo valorados por propios y ajenos.

Dejemos que jueguen, optemos porque sean felices, dentro y fuera de la cancha.

Leandro Scaviolo

Otras notas: 

“El Coaching Ontológico: ¿Misión o función?” con Juan Barbich

 

 

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