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Dar con el corazón


Por el rabino Baruj Hagman, director de J.C.C. Jabad Nordelta
Una de las bendiciones más lindas que le puedes desear a alguien es que tenga una vida llena de luz. ¿Por qué es tan importante la luz? ¿Qué propiedad especial posee, que la convierte en la metáfora ideal para bendecir a alguien? Todos los elementos creados comparten la siguiente característica: cuando los compartimos, disminuyen. Por ejemplo: si tienes un vaso lleno de agua y decides regalar la mitad, terminas con medio vaso de agua.
Sin embargo, toda regla posee una excepción. La única entidad creada que no disminuye cuando se la comparte es la luz. De hecho, una vela puede ser empleada para encender una cantidad infinita de velas, sin verse alterada en absoluto. Es decir que la flama conserva su brillo original sin importar cuántas mechas encienda.
Ahora bien. El concepto de que todo lo que es compartido es disminuido, solo se aplica cuando a nuestro dar le falta luz. La luz representa la intención más profunda con la que te entregas a alguien. En otras palabras, son el esplendor del alma y su calidez los que determinan el valor y alcance de lo que transmites.
Si uno da un vaso de agua, pero lo entrega en forma radiante, empleando la luz de su ser interior, entonces realmente ese dar no le saca nada. Al contrario, la sensación pura que produce dar de ese modo es más satisfactoria que mil vasos de agua.
Cuando aprendemos a dar con el corazón, reconociendo las necesidades del otro y apreciando la oportunidad de contribuirle, descubrimos el milagro de dar: cuanto más das, más posees. De hecho, en un sentido muy real, lo que en verdad posees es aquello que das con el corazón.

Adaptado por Moisés Waisberg

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info@jccnordelta.com
bhagman@gmail.com

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