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Bendito aislamiento. Por Natalia Pigliapoco

Bendito aislamiento. Por Natalia Pigliapoco

Me gusta pensar a la Argentina como una tierra hecha de ausencias. Hija de la inmigración, y Madre de hombres y mujeres que escapando de la guerra y la pobreza dejaban sus países en busca de un suelo fértil donde hacer florecer sus sueños.

Así crecimos y compartimos el espacio con una eficaz verdad: VIVIR CONSISTE EN ACEPTAR LA FALTA Y SOBREPONERSE A LO PERDIDO.

Bendito aislamiento. Por Natalia Pigliapoco

Bendito aislamiento. Por Natalia Pigliapoco

Para lograrlo armamos entre todos un lugar propio que fuese capaz de alojar la necesidad de afecto. Saber escuchar el dolor ajeno se convirtió en un indispensable, y el mate y el abrazo nos dieron un vehículo. Nació un ritual que, desde el más profundo silencio, supo acompañar la aparición repentina de la angustia por lo dejado atrás. Aprendimos a sentarnos con extraños que se transformaron rápidamente en “hermanos” y nos acomodamos hombro con hombro en la construcción de una nueva realidad.

Hacer amigos se nos dio de forma simple. Reemplazamos a “los de sangre” por los del corazón y, cómo algunos analistas nos sentimos más cercanos a los poetas que a los filósofos, comparto plenamente la idea de Borges de que no hay nada más argentino que el culto a la amistad.

Abrazos, reuniones con amigos y mate de por medio, he aquí nuestro sello. Nuestro distintivo que lustramos cada mañana, lo que nos hace “diferentes” al resto del globo y presumimos orgullosos.

Pero un día, sin mayor aviso que el nombre de una ciudad desconocida, nos dijeron que debíamos prescindir de nuestra esencia. Se acabarían las grandes rondas de verdes, las sobremesas eternas entre muchos y el abrazo y el beso repartidos. 

No creo que haya existido uno solo de nosotros que no haya pensado que eso era completamente imposible, pero, como somos artesanos en esto de reconstruirse y sobrevivientes eternos de las crisis, ahí fuimos a por ello, otra vez. 

Aceptamos con disgusto el dolor por la privación pero entendimos que era la única manera de asegurarnos que en la próxima juntada no faltase nadie. Así que sacamos a relucir nuestra vieja caja de herramientas y nos enfocamos en que lo perdido, tan insoportable para todos, fuese lo más pequeño y doloroso posible.

Si bien comprendimos que la realidad en la que vivimos a veces nos golpea y que estábamos otra vez parados frente a la necesidad de capitalizar lo que teníamos por delante, no nos fue tan sencillo.

Adaptación, reparación laboriosa, construcción permanente de una nueva situación, palabras que no pararon de circular por cuanto lugar hubiese. Pero nosotros estábamos perdidos y asustados. De pie frente a una situación desconocida y traumática  que nos convocaba a asumir nuevos roles, a poner en pausa los proyectos, a manejar la incertidumbre generada por lo incierto.

En ese mar en caos de emociones abrazamos la idea que ante la falta de certeza el único milagro era confiar.

La confianza en nosotros mismos debería convertirse en nuestro barco en medio de la tempestad. Al fin y al cabo nadie sabe cuál es la forma correcta de navegar este momento. Nadie entró a él preparado y sin dudas es un mar diferente para cada uno. 

Bendito aislamiento. Por Natalia Pigliapoco

Lo saludable vendrá de la mano del respeto por nosotros mismos y por nuestras emociones, de hacer aquello que cada uno considere oportuno, sin dejarse influenciar por la mirada del otro, permitiéndonos cada invasión de sensaciones cambiantes a diario, por horas y en minutos. 

Podemos pensar que debemos “ser productivos”, aprovechar el tiempo para leer más, entrenar más, cocinar más, engordar menos. Pero ¿acaso existe un libro que hable de la forma correcta del aprovechamiento en situación de pandemia mundial?  Y si existiera, ¿no sería justo anteponernos con nuestras necesidades en este momento nuevo y desconocido? Entender que podemos ser padres, maestros, pareja, gurús, adquirir nuevos talentos y al minuto solo querer mirar el techo y preguntarte: ¿Cuándo y cómo termina todo esto?.

Es el momento de ser solidarios, con el resto sin lugar a dudas, pero sobre todo con nuestro propio yo. Escucharnos, darnos permiso de ponernos en pausa como queramos y cómo podamos, a nuestro modo, con nuestros métodos. Las decisiones son propias y solo prestando total atención a nuestra voz sabremos que estamos en el camino correcto. 

Este es el desafío de la vida, luchar por conseguir aquello que se anhela, disfrutar de lo obtenido y comprender que la posibilidad de reinventarse está ahí, al alcance de nuestra mano, que seguimos siendo capaces de crear un nuevo sueño, aunque el entorno se ponga hostil porque estamos convencidos que siempre valdrá la pena seguir luchando y que nunca desaparecerá la posibilidad de afrontar un desafío más, en tanto sigamos siendo fieles a nosotros mismos.

No hay dudas de que no saldremos de esta siendo los mismos, los ojos serán los de antes, pero la mirada será completamente nueva. 

Por Natalia PigliapocoPsicoanalista (MN: 58095)

CONTACTO:

lic.pigliapoconatalia@gmail.com 

 

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